De vocación, mosquetera.

Porque todo para una, y una para todo.

No se puede resumir mejor. Y conste que no es una queja, es una realidad.

Y es una realidad con dos caras, la de la soledad y la de la carga de trabajo.

Cuando empecé con el tema de emprender no sabía hasta que punto era un camino que iba a correr en solitario. En el momento en el que pones en marcha tu proyecto personal, piensas, qué digo piensas, estás convencida de que va a funcionar, que va a ser tan chulo que va a encantar, vas a empezar a tener un montón de pedidos y vas a tener tanto trabajo que vas a tener que contratar a alguien, ¿te imaginas?.

Pero en mi caso, no ha sido así, al menos no todavía (yo no pierdo la esperanza :)), y hasta que llegue ese momento en que mi trabajo “lo pete”, estoy yo sola en el barco. Y esa soledad de nota sobretodo a la hora de tomar decisiones. Está claro que se pueden consultar a las personas que te rodean, pero lo ven desde fuera, no lo viven igual, no lo sienten igual. Y al final la decisión es siempre tuya.

Por otro lado está la carga de trabajo. Porque bien es sabido que 2+2=4, es decir, que si estoy redactando este post, no estoy pintando, ni haciendo fotos, ni compartiendo nada en las redes sociales, ni buscando inspiración, ni preparando paquetes, ni comprando material, ni facturando, ni nada más que redactar este post. Y todo lo demás tiene que esperar hasta que llegue su momento. Porque no lo va a hacer nadie salvo yo.

Que yo no me explico cómo hacen algunas que además de hacer todo esto, sacan un diseño nuevo cada día, escriben un post semanal, hacen las fotos más increíbles, tiene tres o cuatro hijos, y encima salen siempre guapas en las fotos. No me lo explico, no señor.

En fin, no parece muy halagüeño el camino del emprendimiento ¿verdad?.

Si además a eso le sumas que te fríen a impuestos, que las pasas canutas a la hora de poner precio a tus creaciones, porque el trabajo artesanal no se valora, al menos aquí en España la gente prefiere llevarse tres industriales al precio de uno artesanal, que estás vendida en el hiperespacio, porque pueden copiarte en cualquier momento y ves y métete en un juicio con abogados y movidas (buffff!)….

Pero… ¿qué tendrá la creatividad que todo lo compensa?, ¿que tendrá la creatividad que te hace ilusionarte como si fueras una niña pequeña? ¿qué tendrá, que hace que te brillen los ojos y que te emociones?.

Yo siempre digo que la creatividad es como un amor intenso, que cuando no estás con él te hace falta, y cuando estás con él sobra todo lo demás.

Por eso esto de emprender con un trabajo creativo es absolutamente vocacional, porque si no… ¿de que?, que yo espadas no tendré, pero pinceles si, y muchos.

La foto es de Green Chamaleon en Unsplash.

 

 

 

 

2 Comments

  1. Me siento muy identificada con todo lo que expones aqui, aunque mi blog es todavia un embrión por así decirlo, comparado con el tuyo. Me ha encantado “Yo siempre digo que la creatividad es como un amor intenso, que cuando no estás con él te hace falta, y cuando estás con él sobra todo lo demás.” no podria haber expresado mejor lo que siento cuando estoy en pleno proceso creativo. Ánimo

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  2. Muchas gracias Susana M. Cuando acabé de escribirlo me pareció que daba una visión negativa de esta aventura que es emprender, pero la verdad es que no es ningún camino de rosas, te falta el tiempo para hacer todo lo que bulle en tu cabeza… si sólo nos pudiésemos dedicar a crear.. ¿verdad?. Ánimo a ti también 🙂

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