Pequeños grandes propósitos.

Cuando uno, por los motivos que sean, pasa una época oscura, normalmente al salir, lo que busca desesperadamente es la luz. Si eso se une al comienzo de una etapa, en mi caso, de un año natural, lo que me ha pedido el cuerpo hacer ha sido marcarme un par de propósitos. Cosas sencillas que no se puedan convertir en una obligación ni me generen estrés y me ayuden a llenar la vida de luz.

El primer propósito que me he hecho ha sido frenar, dejar de correr, dejar de tener prisa para todo. Parece que cuanto más corres, más rápido va la vida y la sensación de estar aprovechando el tiempo se desvanece para dejarte sin aliento, porque no llegas, porque es tanto lo que te habías propuesto que es imposible llegar. Y al final lo que queda es agotamiento y frustración. ¡Basta ya!

Me apunto a la vida slow, no se cómo lo voy a hacer pero imagino que empezando por pararme a respirar y a ser consciente del momento presente. Ése es el comienzo. A priori no parece difícil. Lo complicado vendrá después, cuando tenga que saber decir que no y tenga que saber priorizar las cosas, asignaturas éstas que todavía me estoy sacando. Pero tengo la sensación que son de esas asignaturas que te pasas la vida entera estudiando, así que mejor no agobiarse.

Mi segundo propósito es aprender a mirar. O quizá sea más exacto decir, entrenar la mirada. Porque mirar sabemos mirar, pero muchas veces no vemos. Y es que me he dado cuenta de que la belleza está por todas partes, en un gesto, en una sonrisa, en una flor, en una nube, en un pastel, en un color… Con la belleza, pienso que pasa un poco como con la felicidad, está en las pequeñas cosas.

Porque sin darnos cuenta, la sociedad nos acostumbra a ver la belleza en una puesta de sol, un paisaje impresionante, un cuadro, una cara… y nos va limitando el campo de visión, nos va educando la mirada. La belleza queda relegada a los fines de semana y las semanas pasan sin pena ni gloria. ¡Basta ya!

Por eso digo entrenar la mirada, practicar la mirada para ser consciente de lo que me rodea y poder apreciar la belleza de lo cotidiano. Es imposible recuperar la mirada limpia e inocente de un niño, pero si hago un esfuerzo, si miro más allá, seguro que consigo ser un poquito más feliz y hago felices a los demás.

Estos son mis dos pequeños grandes propósitos y he querido compartirlos con vosotros en este primer post del año porque así me comprometo todavía más a cumplirlos.

 

2 Comments

  1. Inma Gallart

    Me apunto a tus dos pequeños pero grandes grandes propósitos. Que al fin al cabo de lo que se trata en esto que llaman vida es sentir. Sentir todas y cada una de las cosas que te suceden y que tienes alrededor, ya sea ver las flores de un simple jardín u oler el aroma de un buen te o acariciar la mano de quien pasea a tu lado. Miremos aquello que nos conmueva. Besos.

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    1. Que bonitas palabras Inma!!! Estamos juntas en esto entonces 🙂

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